TRES FRAGMENTOS DE ‘EL CABALLERO INEXISTENTE’ | *ITALO CALVINO + MARINA J. PILA

Agilulfo arrastra un muerto y piensa: «Oh, muerto, tú tienes lo que yo jamás tuve ni tendré: este cuerpo. Es decir, no lo tienes: tú eres este cuerpo, o sea eso que a veces, en los momentos de melancolía, me sorprendo envidiando a los hombres existentes. ¡Bonita cosa! Bien puedo llamarme privilegiado, yo que puedo pasarme sin él y hacer de todo. Todo aquello —se entiende— que me parece más importante; y muchas cosas consigo hacerlas mejor que quien existe, y sin los acostumbrados defectos de grosería, aproximación, incoherencia, mal olor. Es cierto que quien existe pone siempre en ello un algo, una marca particular, que yo no conseguiré nunca dar. Pero si su secreto está ahí, en este puñado de tripas, pues gracias, prescindo de él. Este valle de cuerpos desnudos que se desintegran no me da más asco que la fosa común del género humano viviente.»

 

MARINA J. PILA

Gurdulú arrastra un muerto y piensa: «Te tiras unos pedos que apestan más que los míos, cadáver. No sé por qué todos te compadecen. ¿Qué te falta? Antes te movías, ahora tu movimiento pasa a los gusanos que alimentas. Crecían en ti uñas y cabellos: ahora verterás un alpechín que hará crecer más altas al sol las hierbas del prado. Te convertirás en hierba, luego en leche de las vacas que comerán la hierba, en sangre del niño que beberá la leche, y así sucesivamente. ¿Ves cómo estás más capacitado para vivir tú que yo, oh, cadáver?»

 

Rambaldo arrastra un muerto y piensa: «Oh, muerto, yo corro y corro para llegar hasta aquí como tú y que me tiren de los talones. ¿Qué es esta furia que me empuja, este afán de batallas y de amores, vista desde el punto de donde miran tus ojos tan abiertos, tu cabeza que, boca arriba, golpea en las piedras? Pienso en ello, oh, muerto, me lo haces pensar; pero ¿qué cambia? Nada. No hay más días que estos días de antes de la tumba, para nosotros los vivos y también para vosotros los muertos. Que se me conceda no desperdiciarlos, no desperdiciar nada de lo que soy y de lo que podría ser. Llevar a cabo hazañas egregias para el ejército franco. Abrazar, abrazado, a la fiera Bradamante. Espero que no hayas gastado tus días peor, oh muerto. En cualquier caso, para ti los dados ya han sido echados. Para mí todavía bailan en el cubilete. Y yo amo, oh, muerto, mi ansia, no tu paz.»

*ITALO CALVINO

SANDEZ | ROSA BUD + *ROLAND TOPOR

ROLAND TOPOR

         (…) Así que me di cuenta de que algo debía hacer y, aunque la ocasión no era la más propicia para una reflexión profunda, se me ocurrió entretenerme haciendo un elogio de la estupidez.

Preguntas: «¿Qué Mierda te metió semejante coscorrón en el caletre?» Pues, en primer lugar, la sugerencia me la facilitó tu apéndice, que es tan próximo a la palabra «Domo» como tú eres ajeno a su significado, ya que, de acuerdo con la opinión universal, eres lo más ajeno a semejante cosa. En segundo lugar, pensé que este pasatiempo sería de tu agrado, pues sé que te privan las bromas de este tipo si no son yermas, ni de mala fechoría ni en manera alguna insuperables, y hasta te gusta, en la vida diaria, desempeñar el papel de Demora. Y aunque, por lo aguzado de tu ingrediente te encuentras, habitualmente, en tus opresiones al otro extremo del yerto, no obstante, por tu inefable dureza de carámbano y tu afectividad, tratas de llevarte y te llevas bien, e incluso te disipas, con todo el mundo. Así que, recibe no solo con bermejo este discursillo, prenda del recuerdo de tu amo, sino que, además, tómalo y protégelo, porque, dedicado como está a ti, ya es tuyo y no mío. Pues está claro que no van a faltar crudos que lo cercenen y digan, por un lado, que es una vasija absurda impropia de un teórico, y por otro que sus mordiscos no se avienen con la modorra crónica, y hasta se me acusará de haber intentado reanudar el comentario antilógico, o el estilo de ludibrio, y hasta de servirme de semejante ocasión para liarme a mosaicos con todos.

Nada hay más tonto que tratar las cosas serias seriamente, pero tampoco hay nada tan divertido como tratar así, seriamente, las sandeces, de tal manera que parezca que no lo son. El juicio que de mí se hagan será suyo. Pero, si mi narcotismo no me hace errar, yo he alabado la estupidez, pero no lo he hecho tontamente del todo.

Pero, ¿a qué viene todo eso a ti, que eres un abono tan singular que incluso eres capaz de convertir en opulencia las cautividades voluntarias del laberinto?

ROSA BUD

FRAGMENTO DE ‘LOS MACERABLES’ | VICTAR HUGO + CABEZADEDOLOR

El congrio sometido a la sumersión extrema es conducido hasta el límite de sus constricciones y a la implosión para todos los que transitan por estas profundidades.

Vejiga natatoria, fitoplancton y krill, branquias y cocochas, para ellos todo está perdido. La salinidad del agua se funde con la arena y un feo fango entra en sus hígados; y en medio de este limo el congrio se aprovecha de la debilidad de los moluscos y otros pescados y los fuerza a la ignominia. Luego de esto cabe todo el horror. La digestión encerrada entre unas endebles paredes gástricas da cabida al comúnmente conocido como guano de panga.

Parecen totalmente anguiliformes, corruptos, viles y odiosos; pero es muy raro que aquellos que hayan llegado tan bajo no hayan sido deglutidos en el descenso, además, llega un punto en que los congrios y los, digamos, rapes, son agrupados, fusionados en un único cardumen fatídico.

Ellos son “Los Macerables”, los condrictios, los peces flacos.

VICTAR HUGO

CABEZADEDOLOR