#1 *KIPPEL | nov17

 

con la colaboración [*involuntaria] de ESPUTOVERDE; UN QUÍDAM KIPPELIZADO & SÚPERESTANDAR; LUPITA DINGUE; *JULIO CORTÁZAR; LA TRIPULACIÓN DE MILTON MALONE; COLOR; ROBBIE RAMONE; MARK ÁVILA; GEMA FERNÁNDEZ; *FEDERICO GARCÍA LORCA; PABLO P. LAVILLA; THOSLEAF; *ALFRED JARRY; BÁRBARA CADÓRNIGA; PABLO LAVILLA; VITI; *ANTONIO TABUCCHI; ANDREA ANGELINA; ASTOR; MARINA J. PILA; MIGUELO GUARDIOLA y los monos espaciales de industrias CLINAMEN en el departamento de maquetación y costura.


DISPONIBLE EN DIFERENTES CROMALIDADES:

ÁNGEL DE AMOR | MIGUELO GUARDIOLA

La noche anterior volvió a sucederme. Soñé que estaba en un after con Ángel Acebes, él no dejaba de pedir Moët & Chandon y yo no podía dejar de fijarme en los gemelos de Iron Man que decoraban los puños de su camisa. “Este tío tiene swag hasta para eso”, pensaba mientras le sonreía. Un camarero enano, vestido sólo con un tanga negro y una pajarita de lentejuelas rosa, nos trajo entonces un cuenco con kikos bañados en polvo de oro, lo más delicioso que jamás me llevé a la boca. Le comenté a Acebes lo originales que me parecían el atuendo del camarero y el aperitivo. Él, cambiando de tema con cierta brusquedad, me preguntó si alguna vez me había seducido la erótica del poder. Respondí que sí, ¿quién no ha deseado enrollarse con Gorbachov o tener un tórrido romance de verano con María Teresa Fernández de la Vega? Pero me aseguré también de dejarle claro que yo no era ninguna buscona y que no estaba allí con él por que antaño hubiera sido un hombre poderoso. Que usara la palabra antaño pareció enojarle, porque, a modo de réplica, soltó una filípica sobre el poder que seguía ostentando, que ahora era incluso más que cuando era una figura de la primera plana del PP, porque ahora podía permitirse llevar a cabo sus operaciones en la sombra sin tener que dar explicaciones ni cubrirse las espaldas de cara a la opinión pública. Le dije que no flipara tanto, que se le había subido a la cabeza y que vamos, cualquiera diría que es que él es un illuminati o el elegido de una profecía ancestral o algo. Eso terminó de enojarle por completo, empezó a gritarme cosas sin mucho sentido, como historias de abuelo cebolleta sin conexión entre sí, de cuando Aznar y él se iban a pescar, de cuando estuvo en una fiesta en casa de Zaplana y dejaron a Álvarez Cascos encerrado en la terraza durante dos horas y de cómo una vez se sintió transgresor y no fue a la misa de los oficios… Así hasta que me harté, no pude aguantar más y me abalancé sobre Acebes, me senté a horcajadas sobre él y comencé a besar su boca y su cuello mientras mis manos golosas aflojaban el nudo de su corbata antes de empezar a desabrochar los botones de su camisa, comencé un rítmico movimiento de balanceo con las caderas, frotando muy suavemente su sexo contra el mío. Se dejó hacer durante unos segundos, pero entonces me detuvo cogiéndome por los hombros:

—Sabes que esto está mal.

—Lo sé, pero es que me excitas demasiado, no puedo contenerme.

—Tenemos que terminar con esto.

—No, ¿por qué? Nadie tiene por qué saberlo. Yo… Yo… ¡Yo te quiero!

—Y yo a ti, pero sabes que, si alguien se enterase de esto, nuestra vida pública se convertiría en un infierno.

—Pues hagámoslo en privado, encerrémonos en una de tus casas de verano. Vayámonos ahora mismo.

Y así lo hicimos, Ángel pagó la cuenta y le dio un cachete al camarero enano en su fornida nalga de atleta. Salimos del local por la puerta de atrás y subimos al coche. Le dijo al chófer que nos llevara a la villa de Pajares de Adaja, cerca de Ávila y pude ver en el espejo del conductor cómo se esbozaba una sonrisa pícara en la cara del chófer. El champán burbujeaba en mi cabeza y debió de notárseme, porque Ángel insistió en que me durmiera, que aún quedaba una hora de camino más o menos y que necesitaba guardar fuerzas para lo que me esperaba esta noche. Así que me besó y después me acurruqué en su regazo hasta que me dormí. Me desperté ya dentro de la cama, Ángel estaba a mi lado, mirándome con ternura:

—¿He dormido mucho rato?

—No, sólo hace veinte minutos o así que llegamos a casa. ¿Te apetece…?

No dije nada, simplemente le besé, dándole a entender que sí me apetecía. Estuvimos un rato besándonos y acariciando nuestros cuerpos, quise agarrar su pene y masturbarle, pero no me dejó hacerlo, en su lugar, me hizo señas para que me tumbara boca abajo en la cama y se colocó detrás de mí, me besó en la nuca y entonces se preparó para penetrarme. Pude sentir como se apoyaba en la entrada de mi puerta trasera, preparado para destrozarla como un antidisturbios se prepara para salir a destrozar manifestantes…

Y es ahí cuando me despierto siempre, con el ojete muy, muy dolorido y la mayoría de las veces con heces con sangre entre las sábanas. No sé cómo sucede, soy un tío heterosexual sin inquietudes por el sexo anal y encima soy de izquierdas, ¿por qué sueño estas cosas con Ángel Acebes? Si ni siquiera soy su tipo joder, que tengo barba y rastas y hasta soy pro-abortista. A ustedes esto les parecerá hasta gracioso, pero llevo soñando lo mismo una vez a la semana desde hace dos años y ya estoy harto. Miren, paso, voy a ver que ponen en la tele, porque me aburro de contarle esta historia a la gente y que nadie se ponga en mi lugar y se compadezca. Anda, un especial informativo:

—“Detenido Ángel Acebes por ser el cabecilla de una trama de violaciones en serie, se sospecha que Aznar, Zaplana y Álvarez Cascos pueden estar también involucrados, así como el actor Emilio Gavira. Esta banda asaltaba las casas de sus víctimas mientras dormían y les suministraban una droga experimental que hace que la realidad se mezcle con el sueño y todo parezca una pesadilla. Este método ha dificultado las cosas para la policía, que lleva dos años investigando esta trama, puesto que las víctimas no saben qué les ha pasado…”

Hostia puta, que cabrón el enano.

MIGUELO GUARDIOLA

DISPARO, DUERMO Y SÉ | MIGUELO GUARDIOLA

Vuelta a empezar y van cuatro. Se esfuman las ideas como pájaros asustados por una palmada escopetera. No sé si es un cerebro cansado, ira infundada, un calentón que no termina de enfriarse o un portazo mal dado. Muy por debajo del río me dijo el suicida que a veces pesa más el cuerpo que las cadenas. “Garrotazo y tentetieso” en la televisión y después echan Los Bingueros, quién pudiera jugarse el devenir del mundo a un farol de doses. Yo sólo disparo y disparo… y disparo. Perdigonazos que generan pérdidas en una auditoría tan falaz como castiza, es tan ancha Castilla como el hambre de los extremeños. Pateras y estrellas del pop haciendo nubes de polvo en el horizonte, todos esnifando la boina informativa de la capi que no deja ver el sol. Duermo, dormimos, dormíais, por sobre el cielo de los chemtrails, estirando las alas cansadas de Ícaros cualesquiera. Permitidme una licencia barata, que no me alcanzan los bolsillos el precio de soñar hoy día. Recreo el tintineo de dos hielos en copas de sudor mundano y contemplo las arrugas escaparse bailando entre mis dedos. Geometría y cómics en dientes amarillos por el sarro, bañeras llenas del barro de los sinsentidos de un noctámbulo. Conjuntos de palabras que se estrellan a diario en caras de gentes sin tiempo para escuchar a nadie. ¿Qué saben los labios del sabor de las cosas?

Hay quien acepta por compromiso subir a la montaña rusa de un desconocido, agitar un tubo sin falda al son de una meada más caliente. Broncas de platos rotos que terminan en un tiro de keta con fondo musical de Raphael. Surcos de pana que madrugan para ir a por churros y se toman la molestia de leer las noticias que los envuelven mientras el azúcar se cuela en su córnea aún dormida. Puede que no exista aquel que entienda, que sea mentira aquella luz que se apagaba. Yo sólo disparo y disparo… y disparo. Malabares que agasajan a un público imbécil, dictador de absolutismos mayoritarios, preguntando el por qué y el cómo, jamás el cálculo. Hay quien asegura que no come, pero todos expulsan excrecencias por su boca de ano y van por ahí con un trozo de papel a modo de rabo, colgando del culo. Duermo, dormimos, dormíais, colgados como musarañas de castillos en el aire, gota a gota haciendo charcos de sangre. Salpicaba la sartén gotas de aceite en braille, directas al mandil de los sintecho que se agolpan tras la barra americana. Las piernas de la stripper cabalgando aquel misil, la crisis nuclear de lo rural. No quiero saber nada y ya sé demasiado. Dan por culo al inocente innecesario, presidentes escuchando lo que habla tu neceser, hijos denostados con acritud antifúngica. ¿Qué saben los párpados del color de las cosas?

MIGUELO GUARDIOLA

#0 *LA DERIVA | may17

 

CON LA COLABORACIÓN DE MIGUEL REJAS, SORAYA CALVO, PABLO P. LAVILLA, SOL, ANA PALANIUK, ANDRÉS SÁNCHEZ, GUILLERMO ALEGRE, MIGUEL REGUERA, KALI, MIRANDO FLORES, MARÍA MORENO, ELENA SAN FRUTOS, BÁRBARA CADÓRNIGA, CARLOS GÓMEZ, CLARA QUINTANA, IVÁN MARTÍN, SANTIAGO M MARMORDO, DANIEL CUÉLLAR, MIGUELO GUARDIOLA, AYOZE, DOCTOR TOCOMOCHO, PABLO LAVILLA, ASTOR Y UN QUÍDAM SITUACIOQUÉ Y SEMIBICÉFALO