#2 *MAGUFFIN | sep18

con la colaboración [*involuntaria] de ALEJANDRO JOROSCHOWSKY; JUAN ARDILLA; JJ; *FRANZ KAFKA; CABEZADEDOLOR; *HARRY MATTHEWS; *OLIVERIO GIRONDO; ANDREA ANGELINA; VICTAR HUGO; ROSA BUD; *ROLAND TOPOR; *BORIS VIAN; *WILLIAM S. BURROUGHS; ROBBIE RAMONE; LUPITADINGUE; *RALPH STEADMAN; *ITALO CALVINO; MARINA J. PILA; PABLO LAVILLA; MIGUELO GUARDIOLA; CARMEN ALÍA; *GLORIA FUERTES; *NICANOR PARRA; *ANTHONY BURGESS; UN QUÍDAM DE INCÓGNITO & LOS MONOS ESPACIALES DE INDUSTRIAS CLINAMEN en el departamento de dacción, remaquetación y costura.

 

CRISIS | MIGUELO GUARDIOLA

“No aguantaremos mucho más, ya casi nos hemos comido todos los pelos, prácticamente no encontramos polvo nuevo para curar a nuestros enfermos, nuestros ídolos están oxidados y viejos, no lucen como algo que pueda agradar al Diegoarmando, y de los cilindros cósmicos ya apenas brota líquido energético. Por si toda esta situación no fuera suficiente castigo, los vientos abductores son cada vez más frecuentes.”

Esas palabras del jefe de la tribu, interrumpidas por las incesantes toses de nuestros enfermos, cayeron sobre los presentes como un jarro de agua fría. Éramos conscientes de que las cosas estaban mal en la aldea, pero creo que ninguno de nosotros sabía hasta qué punto. A fin de cuentas, la gran mayoría somos sólo recolectores y almacenadores, vivimos alejados de los peligros de las fronteras y no distribuimos las provisiones.

“Montemos una expedición en busca de nuevas tierras, racionemos el pelo, guardemos el poco polvo que queda para garantizar la salud de los exploradores. No es necesario encontrar nuevos ídolos, agradar al Diegoarmando no va a darnos de comer ni va a hacer que lluevan cilindros cósmicos del cielo. Es más, construyamos una máquina de guerra con los viejos ídolos y démosle un uso racional al líquido energético que nos queda, podemos darle propulsión suficiente a la máquina como para esquivar los vientos malignos y sortear el gigante de cerdas. ¿Morirán los enfermos de la aldea? Seguramente. ¿Se perderán buenos hombres en este viaje? Probablemente. ¿Habrá disturbios provocados por la hambruna? Sin duda. Pero a grandes males, grandes remedios, no nos queda otra que asumir el precio de una salvación incierta o rendirnos y dejarnos morir.”

La división de guerreros y exploradores jaleó el discurso de su líder. Mientras, la gente de mi estamento protestaba enérgicamente contra un plan que básicamente consistía en abandonarnos a nuestra suerte, en medio de la enfermedad y el hambre, bajo la endeble promesa de que aquellos que marcharan, volverían para ser los héroes que trajeron la prosperidad de nuevo a estas tierras. Bien seguros estaban algunos de que todo esto era una farsa, una treta de los cazadores para huir con los recursos en busca de una tierra más próspera y dejar atrás a una población débil y mermada que sólo supondría un lastre para ellos. El jefe de la tribu puso orden, con alguna que otra dificultad, para que el portavoz de la unión de recolectores y almacenadores hablara.

“Dejémonos de dramas y de aventuras disparatadas que sólo servirían para salvar a unos pocos. ¿No es la labor de un líder sacar adelante a sus subordinados? ¿No debe un jefe lealtad a quienes le otorgaron ese título? ¿No deberíamos estar dispuestos a luchar todos juntos como pueblo? Aquí no se deja a nadie tirado en la cuneta. Ahora bien, es cierto que la situación que atravesamos es difícil y que es poco menos que imposible que todos nos salvemos, pero no sacrifiquemos peones por comer un alfil, hagamos jugadas inteligentes. Racionemos el pelo, sí, pero no sólo para financiar campañas de exploración. Demos polvo a quienes lo necesitan para salvarse en vez de dopar a nuestras tropas. Usemos el líquido energético para aumentar el ritmo de recolección y para restaurar los ídolos gastados. Hagamos que todo vuelva a la normalidad.”

Los recolectores y almacenadores aplaudieron el alegato de su portavoz. Los exploradores lo tacharon de utopía. Se montó un gran alboroto. Nadie llegaba a las manos, pero todo parecía a punto de estallar. Una voz intentaba abrirse camino entre tanto griterío. Era el respetadísimo director de la escuela que, gracias a su experiencia en las aulas, consiguió alzar su voz por encima de la bronca.

“¿De verdad es necesario que lleguemos a estos extremos? Una comunidad entera se está muriendo y la reacción de sus integrantes es enfrentarse en disputas por ver si es mejor un plan que sacrifica a la población a cambio de una, más que remota, posibilidad de éxito o una estrategia conservadora y fantasiosa basada en que si nos apretamos el cinturón y agradamos a nuestro dios todo se arreglará. No puedo entenderlo. ¿Qué ha hecho que la razón y la lógica se exilien de vuestras cabezas? ¿De verdad nadie, ni nuestros hábiles exploradores, ni nuestros oficiosos recolectores, ni nuestro astuto líder, ha pensado que es el momento de volver a usar el textil? Creo que no es necesario recordaros que del textil se pueden obtener varios derivados, sucedáneos válidos del polvo, del pelo y una fuente energética alternativa al líquido de los cilindros. Y tenemos una cámara entera llena de este material.”

La verdad es que no, nadie había pensado en el textil. Hacía mucho tiempo que no se usaba. Los más jóvenes ni siquiera sabían bien qué era aquella materia prima portentosa y muchos de nosotros sólo habíamos oído hablar de ella por boca de nuestros mayores. Empezaron a vislumbrarse algunos gestos de tranquilidad entre la gente, incluso brotó alguna tímida sonrisa. El director comenzó a guiar a la muchedumbre hacia la cámara donde estaba almacenado el textil. Pero de repente una voz como un trueno partió el aire en dos.

“¡Imbéciles, herejes! Más os valdría tener la memoria más larga que la lengua y que os rugiera más la fe que el estómago. Os habéis alejado de nuestros dioses y habéis olvidado nuestra historia. ¿De verdad no recordáis que el textil ya destruyó nuestro pueblo una vez? ¿Cómo es posible que os parezca una solución a nuestros problemas aquello que corrompió al último gran héroe de esta aldea, convirtiéndolo en un monstruo insaciable que devoró a la mitad de la población hasta que llegó el Diegoarmando y lo destruyó? Y, después del sacrifico que hizo para salvarnos, ¿cómo podéis haber dejado que envejecieran y se oxidasen los monumentos en su honor? ¿Cómo habéis tenido la indecencia siquiera de tan sólo pensar en convertir esos exvotos en una máquina de guerra? ¿Qué tan podridos estáis como para abandonar la fe en aquel que entregó su vida por salvarnos de nuestra propia avaricia? Llega a parecerme justo pensar que nos merecemos esta crisis, por ingratos, por descreídos, por creernos que estamos por encima de los designios del destino. Más nos valdría estar rezando para que no vuelva a abrirse la gran grieta celeste y vuelva a suceder el apocalipsis, pues bien sabemos que no hay nadie entre nosotros capaz de emular las proezas del Diegoarmando.”

La plática del chamán volvió muda a toda la aldea. Nadie se atrevía a hablar con el sentimiento de culpa y vergüenza que invadía su cuerpo. No hubo tiempo para mucho más, una repentina luz celeste era el anuncio de que el temor del viejo guía espiritual se iba a cumplir mucho más pronto de lo que él mismo pensaba. Indefensos en mitad de la cegadora luz, sólo pudimos escuchar con pánico el sonido del viento que nos alzaba hasta la boca de la bestia.

—Joder, pero ¿cuánto hace que no limpiáis detrás del armario? Hay pelusas aquí como para formar un país.

MIGUELO GUARDIOLA

#1 *KIPPEL | nov17

 

con la colaboración [*involuntaria] de ESPUTOVERDE; UN QUÍDAM KIPPELIZADO & SÚPERESTANDAR; LUPITA DINGUE; *JULIO CORTÁZAR; LA TRIPULACIÓN DE MILTON MALONE; COLOR; ROBBIE RAMONE; MARK ÁVILA; GEMA FERNÁNDEZ; *FEDERICO GARCÍA LORCA; PABLO P. LAVILLA; THOSLEAF; *ALFRED JARRY; BÁRBARA CADÓRNIGA; PABLO LAVILLA; VITI; *ANTONIO TABUCCHI; ANDREA ANGELINA; ASTOR; MARINA J. PILA; MIGUELO GUARDIOLA y los monos espaciales de industrias CLINAMEN en el departamento de maquetación y costura.


DISPONIBLE EN DIFERENTES CROMALIDADES:

ÁNGEL DE AMOR | MIGUELO GUARDIOLA

La noche anterior volvió a sucederme. Soñé que estaba en un after con Ángel Acebes, él no dejaba de pedir Moët & Chandon y yo no podía dejar de fijarme en los gemelos de Iron Man que decoraban los puños de su camisa. “Este tío tiene swag hasta para eso”, pensaba mientras le sonreía. Un camarero enano, vestido sólo con un tanga negro y una pajarita de lentejuelas rosa, nos trajo entonces un cuenco con kikos bañados en polvo de oro, lo más delicioso que jamás me llevé a la boca. Le comenté a Acebes lo originales que me parecían el atuendo del camarero y el aperitivo. Él, cambiando de tema con cierta brusquedad, me preguntó si alguna vez me había seducido la erótica del poder. Respondí que sí, ¿quién no ha deseado enrollarse con Gorbachov o tener un tórrido romance de verano con María Teresa Fernández de la Vega? Pero me aseguré también de dejarle claro que yo no era ninguna buscona y que no estaba allí con él por que antaño hubiera sido un hombre poderoso. Que usara la palabra antaño pareció enojarle, porque, a modo de réplica, soltó una filípica sobre el poder que seguía ostentando, que ahora era incluso más que cuando era una figura de la primera plana del PP, porque ahora podía permitirse llevar a cabo sus operaciones en la sombra sin tener que dar explicaciones ni cubrirse las espaldas de cara a la opinión pública. Le dije que no flipara tanto, que se le había subido a la cabeza y que vamos, cualquiera diría que es que él es un illuminati o el elegido de una profecía ancestral o algo. Eso terminó de enojarle por completo, empezó a gritarme cosas sin mucho sentido, como historias de abuelo cebolleta sin conexión entre sí, de cuando Aznar y él se iban a pescar, de cuando estuvo en una fiesta en casa de Zaplana y dejaron a Álvarez Cascos encerrado en la terraza durante dos horas y de cómo una vez se sintió transgresor y no fue a la misa de los oficios… Así hasta que me harté, no pude aguantar más y me abalancé sobre Acebes, me senté a horcajadas sobre él y comencé a besar su boca y su cuello mientras mis manos golosas aflojaban el nudo de su corbata antes de empezar a desabrochar los botones de su camisa, comencé un rítmico movimiento de balanceo con las caderas, frotando muy suavemente su sexo contra el mío. Se dejó hacer durante unos segundos, pero entonces me detuvo cogiéndome por los hombros:

—Sabes que esto está mal.

—Lo sé, pero es que me excitas demasiado, no puedo contenerme.

—Tenemos que terminar con esto.

—No, ¿por qué? Nadie tiene por qué saberlo. Yo… Yo… ¡Yo te quiero!

—Y yo a ti, pero sabes que, si alguien se enterase de esto, nuestra vida pública se convertiría en un infierno.

—Pues hagámoslo en privado, encerrémonos en una de tus casas de verano. Vayámonos ahora mismo.

Y así lo hicimos, Ángel pagó la cuenta y le dio un cachete al camarero enano en su fornida nalga de atleta. Salimos del local por la puerta de atrás y subimos al coche. Le dijo al chófer que nos llevara a la villa de Pajares de Adaja, cerca de Ávila y pude ver en el espejo del conductor cómo se esbozaba una sonrisa pícara en la cara del chófer. El champán burbujeaba en mi cabeza y debió de notárseme, porque Ángel insistió en que me durmiera, que aún quedaba una hora de camino más o menos y que necesitaba guardar fuerzas para lo que me esperaba esta noche. Así que me besó y después me acurruqué en su regazo hasta que me dormí. Me desperté ya dentro de la cama, Ángel estaba a mi lado, mirándome con ternura:

—¿He dormido mucho rato?

—No, sólo hace veinte minutos o así que llegamos a casa. ¿Te apetece…?

No dije nada, simplemente le besé, dándole a entender que sí me apetecía. Estuvimos un rato besándonos y acariciando nuestros cuerpos, quise agarrar su pene y masturbarle, pero no me dejó hacerlo, en su lugar, me hizo señas para que me tumbara boca abajo en la cama y se colocó detrás de mí, me besó en la nuca y entonces se preparó para penetrarme. Pude sentir como se apoyaba en la entrada de mi puerta trasera, preparado para destrozarla como un antidisturbios se prepara para salir a destrozar manifestantes…

Y es ahí cuando me despierto siempre, con el ojete muy, muy dolorido y la mayoría de las veces con heces con sangre entre las sábanas. No sé cómo sucede, soy un tío heterosexual sin inquietudes por el sexo anal y encima soy de izquierdas, ¿por qué sueño estas cosas con Ángel Acebes? Si ni siquiera soy su tipo joder, que tengo barba y rastas y hasta soy pro-abortista. A ustedes esto les parecerá hasta gracioso, pero llevo soñando lo mismo una vez a la semana desde hace dos años y ya estoy harto. Miren, paso, voy a ver que ponen en la tele, porque me aburro de contarle esta historia a la gente y que nadie se ponga en mi lugar y se compadezca. Anda, un especial informativo:

—“Detenido Ángel Acebes por ser el cabecilla de una trama de violaciones en serie, se sospecha que Aznar, Zaplana y Álvarez Cascos pueden estar también involucrados, así como el actor Emilio Gavira. Esta banda asaltaba las casas de sus víctimas mientras dormían y les suministraban una droga experimental que hace que la realidad se mezcle con el sueño y todo parezca una pesadilla. Este método ha dificultado las cosas para la policía, que lleva dos años investigando esta trama, puesto que las víctimas no saben qué les ha pasado…”

Hostia puta, que cabrón el enano.

MIGUELO GUARDIOLA

DISPARO, DUERMO Y SÉ | MIGUELO GUARDIOLA

Vuelta a empezar y van cuatro. Se esfuman las ideas como pájaros asustados por una palmada escopetera. No sé si es un cerebro cansado, ira infundada, un calentón que no termina de enfriarse o un portazo mal dado. Muy por debajo del río me dijo el suicida que a veces pesa más el cuerpo que las cadenas. «Garrotazo y tentetieso» en la televisión y después echan Los Bingueros, quién pudiera jugarse el devenir del mundo a un farol de doses. Yo sólo disparo y disparo… y disparo. Perdigonazos que generan pérdidas en una auditoría tan falaz como castiza, es tan ancha Castilla como el hambre de los extremeños. Pateras y estrellas del pop haciendo nubes de polvo en el horizonte, todos esnifando la boina informativa de la capi que no deja ver el sol. Duermo, dormimos, dormíais, por sobre el cielo de los chemtrails, estirando las alas cansadas de Ícaros cualesquiera. Permitidme una licencia barata, que no me alcanzan los bolsillos el precio de soñar hoy día. Recreo el tintineo de dos hielos en copas de sudor mundano y contemplo las arrugas escaparse bailando entre mis dedos. Geometría y cómics en dientes amarillos por el sarro, bañeras llenas del barro de los sinsentidos de un noctámbulo. Conjuntos de palabras que se estrellan a diario en caras de gentes sin tiempo para escuchar a nadie. ¿Qué saben los labios del sabor de las cosas?

Hay quien acepta por compromiso subir a la montaña rusa de un desconocido, agitar un tubo sin falda al son de una meada más caliente. Broncas de platos rotos que terminan en un tiro de keta con fondo musical de Raphael. Surcos de pana que madrugan para ir a por churros y se toman la molestia de leer las noticias que los envuelven mientras el azúcar se cuela en su córnea aún dormida. Puede que no exista aquel que entienda, que sea mentira aquella luz que se apagaba. Yo sólo disparo y disparo… y disparo. Malabares que agasajan a un público imbécil, dictador de absolutismos mayoritarios, preguntando el por qué y el cómo, jamás el cálculo. Hay quien asegura que no come, pero todos expulsan excrecencias por su boca de ano y van por ahí con un trozo de papel a modo de rabo, colgando del culo. Duermo, dormimos, dormíais, colgados como musarañas de castillos en el aire, gota a gota haciendo charcos de sangre. Salpicaba la sartén gotas de aceite en braille, directas al mandil de los sintecho que se agolpan tras la barra americana. Las piernas de la stripper cabalgando aquel misil, la crisis nuclear de lo rural. No quiero saber nada y ya sé demasiado. Dan por culo al inocente innecesario, presidentes escuchando lo que habla tu neceser, hijos denostados con acritud antifúngica. ¿Qué saben los párpados del color de las cosas?

MIGUELO GUARDIOLA