CARTA A THEO; JULIO DE 1880 | *VINCENT VAN GOGH

*VINCENT VAN GOGH

(…)

Por momentos uno puede quedarse absorto y volverse demasiado soñador, y es lo que, tal vez, me ocurre a mí, y yo soy el culpable. Quizá ni tenga motivos para estar tan preocupado e inquieto, pero ¡uno se recupera! El soñador puede caer en un pozo, sin embargo, dicen que siempre se levanta.

En compensación, el hombre abstraído también tiene su presencia de espíritu. Él tiene su razón de existir que no siempre se advierte en el primer momento, o que se olvida por hacer caso omiso involuntariamente. Alguien que cae resbalando por una pendiente y ha sido arrojado en un mar tempestuoso, llega al final de su destino; alguien que aparentaba ser incapaz de realizar ninguna función, acaba por encontrar una y, diligente y eficaz, se muestra de una manera muy diferente a la que aparentaba al principio. Escribo un poco al azar todo lo que viene a mi pluma. Estaría muy contento si pudieras ver en mi algo más que un vago. Porque hay dos tipos de pereza, contrarias entre sí. Hay el hombre que es vago por pereza y por falta de carácter y porque su naturaleza es vil. Si así lo quieres, puedes tomarme como tal.

Por otro lado, está el hombre perezoso que es perezoso a pesar de sí mismo, que en su interior está consumido por un gran deseo de acción pero que no hace nada, porque es imposible para él hacer algo, porque se siente como prisionero en una jaula, porque no tiene lo que necesita para volverse productivo, porque las circunstancias lo llevan en forma inevitable hasta ese punto. Un hombre así no conoce sus posibilidades, pero de un modo instintivo lo siente: sirvo para algo, mi vida tiene una razón de ser, ¡sé que podría ser un hombre completamente diferente! ¿Cómo ser útil, para qué puedo servir? Hay algo en mi interior, ¿qué puede ser? Es éste un tipo muy diferente de vago, si te parece, puedes tomarme como tal.

Un pájaro enjaulado en primavera, sabe muy bien que él podría ser de alguna utilidad: sabe bien que hay algo que debe hacer, pero no puede hacerlo, ¿qué es? No lo sabe con seguridad. Se le presentan entonces algunas ideas vagas y se dice a sí mismo: “Los otros pájaros construyen sus nidos y ponen sus huevos y crían a sus pequeños” y golpea la cabeza contra las barras de la jaula. Pero la jaula sigue allí, y el pájaro enloquece de dolor.

“Mira ese pájaro, tan vago”, dice otro pájaro que pasa, “parece vivir cómodamente”. Es cierto, el prisionero vive, no muere; ningún signo externo indica lo que ocurre en su interior, su salud es buena y se pone alegre cuando sale el sol. Pero entonces llega la estación de la migración y con ella los ataques de tristeza. “Pero si tiene todo lo que quiera” dicen los niños que lo cuidan en su jaula. Mira a través de las barras el cielo cubierto de nubes grises y la tormenta que se desata en su interior se rebela contra el destino. “Estoy preso y dicen que no me falta nada”, ¡necios! Tengo todo lo que necesito. ¿Y mi libertad? Si supieran cuánto deseo ser un pájaro como los otros pájaros…

*VINCENT VAN GOGH

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